domingo, 11 de enero de 2009

Venecia paralizada


Son las calles de Venecia el agua verdosa. El agua verdosa por las calles de piedra. No por los canales. La plaza de San Marcos se desaparece al atardecer. ¿Y?

Las palomas sobrevuelan las cúpulas azules y el león se ahoga dando un último dorado rugido. El agua pegotea las arcadas. Los pilares no soportan el hedor y sucumben, derrumbándose, hundiendo sus cabezas para siempre.

Las góndolas golpean los techos, rompiendo tejas que caen como dientes. Flotan plumas. Ecos de palacio mancillado al ritmo de los cadáveres que comienzan a poblarlo todo. ¿Y?

Y yo te arranqué la boca con mi boca y la tiré al agua.

12 comentarios:

Fd dijo...

taba bien de vivo! se ve

soporte or not soporte

Ava Gardner dijo...

si eso es venecia yo soy grace kelly.

Julián dijo...

Aquí el autor deja escapar otro texto colmado de algarabía y tenacidad exultante de un clásico rubor que explota en destellos de alegría y felicidad por doquier. Si bien el final remata con una cosa media feíta, todo lo demás es tan prístino y adecuado que me parece estarlo viendo ciego. Guay de los canales!

Lina Masaki dijo...

Así descripta... yo quiero. Yo quiero conocerla. Me muero por conocerla. Y ver a mi alrededor una danza zombie, y tener alquien a mi lado que me arranque la boca y la tire lejos.

ShopGirl dijo...

Wow que buena foto y que lindo lo que escribiste.

Me encataria ir...

beso grande.

cacho de pan dijo...

La imagen es tannnnnnnnn maravillosa que no importa el mordiscón ni la sangre tiñendo los canales.

Venecia es un lugar creado por una raza de hombres que ya no existe.

Ella vale cualquier tipo de misa, anche nera.

MIRAMONDE dijo...

Lindo texto, lástima el final

Patty dijo...

Excelente. Me gustó muchísimo tu blog. Lanzaré una carcajada en tu honor.

iNéz and vAle dijo...

Llegué, me gustó lo que leí y ya que estaba escupí una carcajada acá, nunca viene mal.
Vale

Jairo Rojas dijo...

escupí la comida con el final jaja. La imagen está demasiado, demasiado buena.

Humanoide dijo...

Advierto un reclamo que no podrá ser atendido. Su inquietante espera de una respuesta que justifique lo que sucede a nuestro alrededor y adentro de nosotros mismos, no podrá ser escuchada jamás, sencillamente porque nadie puede justificar ninguna cosa, nada, nunca.

La tristeza infinita de un paisaje que nos remonta, inevitablemente, a otro estadio de nuestras mentes.

Delia Zico dijo...

De todas maneras, veo algo de luz.