
El ritmo de la ciudad incrementa, al igual que los latidos de mi lengua: corazón húmedo que intento, en vano, controlar. Con puñal en mano desgajo letras mojadas, palabras filosas. Faeno hojas mutiladas por manos inexpertas.
El ritmo incrementa: la pulsión tanática se hace inminente.
Un manto violeta se extiende encrespado sobre el cadáver. Ha quedado lívido, no tiene esperanza.
Es sólo una hoja que ha quedado en blanco. Y yo sólo un Hombre que ha pretendido escribir.
