miércoles, 15 de octubre de 2008

Palomas

"...por vuestras hondas penas, vuestra sed insatisfecha,
y las urnas de amor que llenan vuestro corazón."
Charles Baudelaire



Uno
(la noche en llamas)





Me acurruqué y dejé que la luz me descubriera, me delatara, que rasgara el manto taciturno de mi habitación para hacerme aparecer entre la hiedra espesa que me cubría. Era transparente mi cuerpo; se sentía vacío y frío, y el hastío ya aparecía tras el vidrio empañado, como un aguacil rojo. Raspé mis huesos.
La sirena que no presagia un buen futuro era como esa luz; me chillaba y advertía de un peligro inminente que me rondaba y ya estaba en mi ser. Silencio intermitente. Silencio incandescente.
Debía acudir al llamado de los dioses que reptan, los buenos, los terrenales. Antes había respondido al mandato de uno, del que se disfraza de cordero. Pero ahora debía dejar que la sangre se vertiera en mí.
Debía esperar que de la luz brotara el fluido mineral en el momento en que un beso, como un chasquido infernal, sonara a lo lejos, en medio del páramo.

martes, 30 de septiembre de 2008

Arte y Oficios


Yo quería ser Ziggy Stardust. Confieso: arañarte, desarmarte y no estudiaste. Mal. Ahora, te pregunto: ¿las camisas que usé todo este tiempo eran amarillas? Ah, no las viste bien. Entiendo. Pero no agradezcas porque yo no fui.

Interesante ver cómo leés lo que querés acá. Pero, si no estudiaste ... No.

A tu diccionario le faltan hojas, las que vos querés o las que yo arranco. He notado que tus linternas no tienen pilas. Mal.

Comienzo a entender que vos sos Ziggy Stardust y que la baba se te cae un poco por la comisura. Limpiate porque queda feo, me manchás la mesa. Te lo abro. Te lo desarmo. No te araño hace años.

Ahora no entiendo. ¿Vos no usabas peluca? No leo. Escéptico: nunca, nunca, nunca.

viernes, 19 de septiembre de 2008

domingo, 7 de septiembre de 2008

Muñequitas


- Niñas, siéntense. ¡Qué feos esos modales! La túnica debe estar siempre blanca y estiradita. Las piernas como soldados, porque están custodiando el "tesorito". ¿Entienden? El pelo tirante y hacia atrás dejará ver sus delicadas facciones. Nada de maquillaje, no hay que atraer al Demonio. Las manos suaves y blancas, las uñas como porcelana. El semblante apacible y la voz nunca se levantará. Siempre estarán dispuestas a complacer a sus padres. Los papás les pedirán que se sienten en sus faldas. ¡Silencio niñas!

- ¿Por qué no agarrás un pepino y nos silenciás vieja pelotuda?

martes, 12 de agosto de 2008

Polvo


Desde que aspiré tus uñas quiero aferrarme a algo. No sé bien a qué. A veces me raspa y sé que sangro por dentro. Pero no puedo ni escupir coágulos, ni expectorar el polvo blanco. Decime cómo hago para dejar de babear. Pensé en ir a matarte, de a poco, todas las noches, para ver si las uñas se quiebran y me dejan respirar.

Todavía no sé cómo sucedió. ¿Cómo lograste que tenga tus uñas adentro? Vos. Vos vas a tener que lamerme la boca, a ver si podés vivir con mi carcajada.

martes, 17 de junio de 2008

Raid



"De tiempo en tiempo repitieron las furtivas entrevistas allí, en casa de ella.
Oscar se declaraba estar en el colmo de la dicha. Pero Enriqueta no estaba del todo segura; eso era el amor, lo que nunca había tenido, lo deseado, lo soñado con ardor."
"Donde su fuego nunca se apaga" - May Sinclair


Clementina dormía en una habitación muy pequeña. Todas las mañanas su madre entraba, le tendía la cama y revisaba minuciosamente las infantiles sábanas.


Esperaba encontrar algún fluido corporal, alguna sustancia viscosa, gelatinosa, de onírica procedencia, mientras su hija la observaba lánguidamente, sentada en una esquina de la habitación, con las piernas muy juntas, demasiado juntas. Miraba con blanda atención el protocolo, esos ademanes bruscos, cortantes.


Esta vez fue diferente. Las sábanas fueron rociadas con un producto de fuerte olor. Clementina debió hacer la cara a un costado cuando sintió que sus mejillas estaban húmedas.


A la mañana siguiente, Gregorio fue hallado fúnebremente envuelto en una crisálida a lunares. Clementina lo abrazaba, aún dormida.


domingo, 11 de mayo de 2008

Il morto chi parla

Imagen de Richard Avedon
Me sangran los oídos. Cuando lo vi, muerto, sentado, esperándome en ese banco en el medio del patio, no escuché nada más. Sus ojos se movían desesperados y sus labios hacían muecas. Me sangran los oídos y a él las palabras. Se le descuelgan de la boca y chocan contra el piso. Caen lentas como hojas, pero se hacen añicos como vidrio.

Está muerto. ¿Y yo?