
Vladimir condena a los pobres de espíritu, a los mansos, a los que lloran, a los que tienen hambre y sed de justicia, a los misericordiosos, a los limpios de corazón, a los que trabajan por la paz, a los perseguidos.
Vladimir prefiere a los que encandilan, a los rebeldes, a los que lanzan carcajadas y escupen, a los que no esperan que la justicia llegue, a los que no perdonan la pobreza de espíritu, a los que generan conflicto, a los que persiguen a los corazones débiles.
